Una Vida Para No Sentir

Qué época más extraña la que vivimos hoy, nunca, en la historia de la humanidad, ha habido tanto acceso a la información y tan pocas ganas de buscarla. 


En estos párrafos quiero compartir algunas preguntas que me he hecho a modo de reflexión, y de cierta forma, a modo de buscar respuestas.


Nuestros padres tenían enciclopedias que encapsulaban todo lo que ellos podían conocer del mundo en el que vivían, nosotros, hace algunos años, conocimos el internet y lo empezamos a utilizar  para comunicarnos y aprender. Hoy, con acceso ilimitado en distintos dispositivos, muchos decidimos ver y revisar contenido de consumo y conscientemente queremos dejar de saber qué pasa en el mundo, la pregunta acá es, ¿es realmente consciente esa decisión de dejar de informarnos?


El arte es, y siempre será, una forma de expresión humana, un diagnóstico de la sociedad en la que se crea. La música que conecta con la sociedad de hoy, es una música de consumo rápido, ritmos y letras diseñados para pasarla bien y olvidarse un poco de los problemas. Hace algunos años, la música y sus letras representaban el grito de una generación que quería un cambio, hoy en día, la música se siente como un sedante masivo para sobrellevar la vida. Con esto no quiero decir que esta música esté mal o esté bien, no hay música mala o buena, hay música y hay contexto asociado a ella, la pregunta acá es, ¿por qué ahora buscamos escuchar aquello que no nos hace sentir? 


Vemos a los chicos hoy en día siguiendo tendencias de moda “old money”, cientos de videos de jóvenes vestidos como señores adinerados para ir al “brunch” con sus amigos y hablando en redes sobre su marca de perfume favorito, vemos tendencias hacia la moda conservadora, colores neutros, ¡hasta llegamos al punto de quitarle los colores a la ropa y juguetes de los niños! ¿De dónde viene esto? ¿Qué nos lleva a nosotros como sociedad a quitarle los colores al mundo? 


Es innegable la tendencia que vemos a nivel mundial de volver a lo conservador, en todos los aspectos. Algunos, los más “progres” sienten el retroceso en muchos temas y conversaciones, mucha pausa en algunas luchas que se llevaban a cabo hace algunos años y vemos regresar tendencias o creencias que creíamos que ya eran cosa del pasado, ¿es esto algo malo? 


En mi opinión personal, pienso que más que algo malo, es un cambio que eventualmente iba a suceder, el mundo (al igual que nosotros, que la química etc) tiende a buscar el equilibrio, es esperable que después de una corriente progresista esta se contrarreste con una corriente conservadora después, mi mayor preocupación acá, es que, a diferencia de otras épocas de la historia humana, nos hemos condicionado mediante algoritmos y contenido mediático sin trasfondo a desinformarnos. 

Vivimos en una sociedad anestesiada, donde nos preocupamos por nuestro bienestar creyendo que para lograrlo solo ocupamos ocuparnos de nosotros mismos, olvidando por completo el valor del bienestar colectivo, cada vez nos encerramos más en nuestras casas, en nuestros lugares “seguros”, sin necesidad que una pandemia lo haga por nosotros, simplemente por el hecho de que no queremos lidiar con lo que pasa en el exterior, olvidando que lo exterior también nos pertenece. 


Ver un video que dure más de 2 minutos no nos gusta, aprender algo nuevo sobre lo que sucede en la actualidad no nos interesa, lo que pase con los demás no es nuestro problema, lo importante acá es estar bien nosotros, lo importante es el “self care”. 


Hace poco conversaba con alguien que esto se ve reflejado también hasta en las expectativas de los padres con sus hijos, antes escuchábamos decir que los papás querían que sus hijos fueran personas de bien, con valores, hoy por hoy, escuchamos a los padres decir que lo único que quieren es que sus hijos sean felices. Cuando condicionas a un niño a buscar solamente SU felicidad, sin marcar la cancha de que esta no puede trasgredir la felicidad de alguien más, y que además, esa felicidad también depende de su entorno, ese discurso “good vibes” puede convertirse en un alma de doble filo. 


Escucho ahora también a los chicos decir frases como, “el que ama más es el que pierde”, “no le escribas de una vez, espérate un par de horas para que no piense que quieres hablar con él”, “no andes de migajera” y wow, me quedo pensando, que duro no estar seguro siquiera de sentir y expresar amor hacia una persona con la que quieres tener una relación amorosa. Reflexionando un poco más acerca de esto, concluí que si desde nosotros mismos no nos permitimos sentir, ¿como vamos a abrirnos a sentir y amar a alguien más? 


Informarnos es nuestro deber como personas que vivimos en comunidad, sentir es una necesidad que tenemos todos como humanos, amar es lo más cercano a lo divino que tenemos, no vivamos una vida neutra, una vida sin color. Estos párrafos son un llamado para que le devolvamos los colores al mundo, a nuestras vidas, a nuestra comunidad, a exponernos esa gama de emociones que nos negamos a sentir, a recobrar el derecho a vivir nuestras vidas sin la restricción de nuestros algoritmos. 


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